Conceptos de manejo forestal

Dr-Hugo-Ramirez-M

Hugo Ramírez Maldonado. Profesor.Universidad Autónoma Chapingo.

La Estrategia Nacional de Manejo Forestal Sustentable para el Incremento de la Producción y Productividad (ENAIPROS) que la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) está desplegando, ha generado la necesidad y la oportunidad de revisar y, mejor aún, actualizar los conceptos y métodos asociados con la producción de madera en México.

La destrucción de bosques y selvas de nuestro país, y del mundo, originó gran preocupación en la sociedad, por lo que surgieron intenciones de conservación y también de restauración. Se ha señalado, impropiamente, al sector forestal como el causante de esa destrucción.

No es así, aunque no está exento de tener alguna participación.

La Ley Forestal de 1926 dictó en su primer artículo: ARTÍCULO 1.-“La presente Ley tiene por objeto regularizar la conservación, restauración, propagación y aprovechamiento de la vegetación forestal, así como la formación y organización del personal técnico necesario para conseguir este fin”.

El manejo forestal en México siempre ha estado vinculado a esos propósitos, y lo sigue estando.

Con frecuencia se olvida que en los terrenos donde hoy se practica la agricultura, ganadería y el desarrollo urbano, antes hubo bosques, selvas u otra vegetación forestal. El razonamiento más simple deja concluir que no es el aprovechamiento forestal el causante del deterioro de los ecosistemas, sino el cambio de uso del suelo. Así, conviene reflexionar que para conservar y restaurar nuestros paisajes forestales, es necesario hacer algo diferente a lo que hemos hecho durante el tiempo en que se han destruido nuestros recursos.

El aprovechamiento de madera no es el único beneficio que la sociedad obtiene de sus macizos forestales, también obtiene muchos otros beneficios. Sin embargo, para quienes poseen esos recursos, aunque ahora ya no en todos los casos, el bien tangible por excelencia es la madera.

Pero no solo para el propietario de los recursos, también para el resto de la sociedad. Solemos pecar de mojigatos al incriminar al productor de madera e, ineludiblemente, emplear madera en nuestra vida cotidiana.

Recuerdo una anécdota en la que el gobernador de un estado recibió reconocimientos por sus iniciativas de conservación de los recursos forestales en un recinto de su propia administración; cerró su discurso con la expresión lapidaria: “En mi estado no se cortará un árbol más”. Al caminar hacia la salida del recinto pude señalarle que el recubrimiento de las paredes de aquel gran auditorio lucía espectacular, austero pero de sobria elegancia, sabiendo que ese recubrimiento de madera, lambrín, había sido colocado recientemente. El gobernador volvió, como era de esperarse, a otra de las frases lapidarias: “Mi pueblo se lo merece”.

Ya en 1816 Henrich Cotta, considerado el precursor de la ciencia forestal, señalaba: “Si los habitantes de cualquier país abandonaran sus campos, al cabo de un siglo éstos estarían cubiertos de bosques. Dado que nadie los usaría, el suelo se enriquecería y el bosque no solo aumentaría en tamaño, también en productividad. En cambio, si la gente regresara y como antes volviera a hacer grandes demandas de madera, tierras y pasturas, los bosques, incluso con el mejor manejo forestal, no solo volverían a reducirse en tamaño, sino que también se volverían menos fértiles”.

El señalamiento hecho en Alemania hace prácticamente 200 años sigue vigente, a juicio del que escribe; sin discusión. Es claro que la condición de abandonar los campos, de producción agrícola, pecuaria y forestal, llanamente no es factible. Así que, ¿Qué caminos nos quedan como sociedad? Me parece que solo uno, la producción rural sustentable.

La sustentabilidad ha sido una condición siempre presente desde las primeras intenciones de aprovechamiento forestal. No así el darle paso a terrenos de cultivo o crianza de ganado. La aseveración es por demás innecesaria. ¿Quién en su sano juicio propondría un procedimiento de manejo de un recurso renovable que condujera a su exterminio? La simple semántica de los términos lo implica. Mientras que unos son programas de manejo, otros serían programas de extinción, que sí los ha habido, como el Programa Nacional de Desmontes, que operó durante la presidencia de Luis Echeverría. El propósito de tal programa era el cambio de uso del suelo y ciertamente a su paso sucumbieron extensas áreas de vegetación forestal, sobre todo de selvas.

Sin embargo es preciso comprender por qué ahora se habla de Manejo Forestal Sustentable. El término tiene origen en el extranjero, en Estados Unidos de América, en Asia y África probablemente.

El manejo forestal tiene dos vertientes claramente identificables, la primera es la manera técnica, con bases científicas y metodológicas, conduce al aprovechamiento de los recursos; en la segunda, se ejerce el patrimonio sobre esos recursos. Mientras que la primera corresponde a los estudios eminentemente forestales asociados con autores como Smith (The Practice of Silviculture), Clutter (Forest Management), Rodríguez Caballero (Método Mexicano de Ordenación de Montes), la segunda se ubica más cercana a los estudios sociológicos y antropológicos, y se vincula a estudiosos como Hardin (The Tragedy of the Commons), Elinor Ostrom (Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action), Leticia Merino (Diversos estudios sobre el sector forestal mexicano).

En el primer punto de vista, la sustentabilidad es un componente intrínseco, condición sine qua non, de ahí que el adjetivo sustentable resulta redundante. Sin embargo, en el  segundo, el término es más que justificado e involucra principios científicos, medios de estudio y procedimientos de solución de problemas muy distintos a los de primero. Por esto, las dos vertientes del concepto manejo forestal, son distinguibles, pero necesariamente concurrentes.

Los agentes que hacen que las dos vertientes de manejo forestal sean coincidentes son, obviamente, el hombre y los ecosistemas forestales que albergan recursos útiles, algunos imprescindibles, para el primero.

El contexto expuesto hace evidente la obligación social de arropar la ENAIPROS, procurarle suficiencia, corregir sus intenciones, orientar su aplicación. Por eso, esta estrategia debe dar ocasión de concurrencia obligada de estudiosos de la conservación y el aprovechamiento de los recursos, de los ecólogos y los forestales, de los biólogos y los matemáticos, de los productores y de los consumidores, de ti y de mí. Sea pues bienvenida la Estrategia Nacional de Manejo Forestal Sustentable para el Incremento de la Producción y Productividad que la Comisión Nacional Forestal está desarrollando como punto de encuentro y no de divergencia. No debe asumirse solo como una intención institucional de la CONAFOR, en ella tienen cabida todos los sectores y protagonistas de la sociedad con interés en los recursos forestales.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición oficial de la Comisión Nacional Forestal o de alguno de sus integrantes.