¿Es posible neutralizar la degradación de la tierra en México?

 

 

Dr-Armando-Lopez-Santos

Dr. Armando López Santos
Universidad Autónoma Chapingo, Unidad Regional Universitaria de Zonas Áridas
Profesor Investigador
Miembro del Grupo de Trabajo Intergubernamental sobre Neutralidad de la Degradación de las Tierras de la Convención de las Naciones Unidas
de Lucha contra la Desertificación (UNCCD-IWG LDN).

 

 

 

MC-Jorge-Luis-Garcia-Rodriguez

M. en C. Jorge Luis García Rodríguez
Comisión Nacional Forestal
Subgerente de Inventario y Monitoreo de Suelos
Encargado del seguimiento técnico de la lucha contra la desertificación
Sistema Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Degradación de los Recursos Naturales (SINADES)

 

En la actualidad 23% de la superficie del planeta padece algún grado de degradación que crece a un ritmo estimado de 5 a 10 millones de hectáreas anuales, lo que afecta alrededor de 1,500 millones de personas (Stavi y Lal, 2014). El origen de esta problemática es multifactorial (población, clima, naturaleza) y al mismo tiempo multidimensional (ambiental, productiva, social), donde se combinan con distinto orden y magnitud las políticas públicas, la cultura de uso, el manejo y protección de los recursos naturales, el medioambiente, las características biofísicas del territorio y la variabilidad climática (UNCCD, 2015a).

Entre los años setenta y noventa del siglo XX, se identificaron y reconocieron por su magnitud a nivel mundial cuatro tipos de degradación: 1) erosión hídrica (10.9 x 108 ha); 2) erosión eólica (5.5 x 108 ha); 3) degradación física (2.4 x 108 ha); y 4) degradación química (0.8 x 108 ha); magnitudes que varían de un país a otro (Gnacadja, 2012); por ejemplo, se ha documentado que la problemática de la erosión ante una tendencia de mayor variabilidad climática, se ha acentuado en México, que presenta problemas de degradación de suelos en 65% de su superficie, donde destacan las erosiones eólica e hídrica, con 35 y 20% respectivamente del total nacional (CONAFOR-U. A. Chapingo, 2013).

La degradación neutral de la tierra debe ser evaluada y reconocida, con base en información de la magnitud del deterioro actual y de las tendencias de manejo de los recursos naturales que comprometen la calidad de vida de las generaciones futuras (UNCCD).

 

Degradación de la tierra y cambio climático global

La degradación de la tierra bajo el enfoque de la UNCCD es la pérdida o reducción en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas de la productividad biológica o económica y complejidad, de la agricultura de temporal y de riego, agostaderos y tierras forestales, resultado de los usos de la tierra o una combinación de procesos, incluyendo aquellos derivados de actividades humanas y patrones de: 1) Erosión del suelo por agua o viento; 2) Deterioro de las propiedades físicas, químicas, biológicas del suelo; y 3) Pérdida de la vegetación a largo plazo.

La UNCCD indica que la degradación se debe a dos factores fundamentales: variaciones climáticas (VC) de larga y corta duración y actividades humanas; las VC de corta duración se distinguen por sequías y ondas de calor, afectando de diversas formas la estabilidad de sistemas socio ecológicos. Se ha documentado que las tierras secas, ocupan aproximadamente 45% de la superficie del planeta donde habitan 2,000 millones de personas, lo que representa 33.8%, de la población mundial (Cruse, 2012; Al-Kaisi et ál., 2012; UNCCD, 2013b).

En el reporte más reciente de Nkonya et ál (2011), sobre la valoración de la degradación mundial de la tierra (GLADA, por sus siglas en inglés), este problema se estima en alrededor de 1,964 millones de hectáreas, superficie en la que contribuyen en mayor medida (83.6%) los dos tipos de erosión reconocidas: hídrica y eólica, con 55.7 y 27.9%, respectivamente; enseguida con 15.9% se encuentran los dos tipos de degradación más importantes: química y física con 11.8 y 4.02%, respectivamente. La regiones que presentan los mayores impactos para los cuatro tipos de degradación son por orden de importancia: Asia 38%; África 25.2%; América Latina 15.6%; y Europa 11.3%. Las regiones con el menor grado de degradación de sus territorios son: Pacífico Australiano 5.2% y América del Norte 4.9% (Tabla 1).

Tabla1

 

 

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Además de lo anterior, al sumar los cuatro niveles de severidad definidos en la evaluación mundial de la degradación de la tierra (GLADA, por sus siglas en inglés): ligera, moderada, severa y muy severa, muestran que de mayor a menor grado se encuentran afectados: Europa (91%); Centro y Sudamérica (77%); Asia-Pacífico (73%); África, Norte y medio Este (71%); África Sub-Sahara (67%), Norte de América (48%) y Norte de Asia (47%) (Stavi y Lal (2014)).

Además de lo anterior, se reconoce que los impactos directos del cambio climático en los sistemas naturales, económicos y en la salud humana por altas temperaturas y cambios en los patrones de lluvia, son cada vez más evidentes, siendo el sector de la producción primaria uno de los más afectados; las ondas de calor, la sequía y los incendios forestales han sido una combinación adversa para la estabilidad de los ecosistemas productivos alrededor del mundo (Cruse, 2012; Al-Kaisi et ál., 2012; Lal et ál., 2012).

En el transcurso de la primera década del siglo XXI se registraron temperaturas extremas con más frecuencia; por ejemplo, en China, más de 400 millones de habitantes se ven afectados por la desertificación, que genera una pérdida económica directa anual superior a 10 mil millones de dólares estadounidenses, en tanto que en la India, las pérdidas debidas a la erosión se han multiplicado por seis entre 1989 y 1994 (IPCC (2012); UNCCD, (2013b)).

Para ilustrar situaciones críticas ocurridas y que podrían repetirse con más frecuencia, la Convención de Naciones Unidas para el Combate a la Desertificación ha concentrado la siguiente información: en el mundo existe una correlación directa entre la pobreza y la degradación de las tierras. 42% de los pobres dependen de zonas degradadas y marginales para su sustento, en comparación con 32% de los moderadamente pobres y 15 % del resto de la población (UNCCD, 2013b).

 

Degradación de la tierra y cambio climático en México

El 65% del territorio nacional presenta zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, donde se asienta alrededor de 57.3 % (64.3 millones de personas) de los habitantes del país (CONAFOR-U A Chapingo, 2013).

En este tipo de ambientes, limitados por la disponibilidad de agua se vive una situación crítica por la depresión de las economías locales, exacerbada en muchos casos por los impactos de la sequía sobre actividades económicas y los recursos naturales, primordialmente: agua, suelo, flora y fauna, expresada en procesos de desertificación en muchos casos (UACH-CONAZA-SEDESOL-SAGARPA, 2004; IPCC, 2012).

Análisis recientes reportan que en poco más de 81% de las 393 cuencas hidrológicas del país, se presenta algún grado de afectación por degradación de suelos (Garrido y Cotler, 2010).

La actualización más reciente de la degradación edáfica (CONAFOR-U.A. Chapingo, 2013), indica que se presenta en 67.64% del país, con predominio de la erosión eólica con un 34.94%, la erosión hídrica con un 20%, la degradación química con 8.1% y la degradación física con 4.7%.

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Figura 2. Mapa de degradación edáfica en México.

Aunque la degradación edáfica o de suelos es un componente más de la degradación de las tierras además de los de recursos bióticos e hídricos, representa la expresión final del deterioro ambiental, porque su escasa cobertura vegetal y deterioro hídrico conlleva a su aridificación.

El estudio más reciente en México es la línea base nacional de degradación y desertificación (CONAFOR y U. A. Chapingo, 2013), indica que la combinación de los componentes de degradación edáfica, degradación de los recursos hídricos y de los recursos bióticos, alcanza 90.7% del país, con al menos un nivel de deterioro ligero (24.3%), moderado (17.2%), severo (38.4%) y extremo (9.4%).

Esto explica, en parte, la razón por la que en más de 40% del territorio nacional las pérdidas por la sequía de años recientes (2010-2012) haya afectado a 19 entidades del país, superando con ello los 15 mil millones de pesos, equivale a 6.39% del Producto Interno Bruto (PIB) del sector agropecuario (SEMARNAT-INECC, 2012).

 

Para poner en marcha los principios de la neutralidad de la degradación de las tierras

El reto global es revertir la tendencia de la degradación asumiendo los costos que esto representa. Por ello, desde el reporte de la Comisión Brundtland en el documento: “El Mundo que Queremos” (ONU, 1987), se ha promovido la necesidad de realizar valoraciones con la pregunta: ¿Qué pasaría y cuáles serían los costos si desde ahora tomamos cartas en el asunto o no hacemos nada? (Nkonya et ál., 2011; UNCCD, 2015a).

Dregne y Chou (1992) en un estudio sobre la dimensión de la desertificación global plantearon que el costo mundial para ese entonces fue de 42 BUSD, lo cual a precios actuales representa el 8% del PIB; asimismo en una compilación realizada por de Nkonya et ál (2011), reportan que para 24 países el costo aproximado de la degradación entre 1992 y 2007 fue de 30.1 BUSD, cantidad que representaría el 5.9% del PIB; en tanto que Stern (2007) planteó que para mitigar los efectos del cambio climático sería requerido el 1%, lo que a precios actuales representa 5.9 BUSD.

La UNCCD (2014b) ubica tres rubros estratégicos a nivel global que conciernen de igual manera a otras Convenciones como la de Diversidad Biológica (CDB) y la de Cambio Climático (CMNUCC) que tiene que ver con: seguridad alimentaria, seguridad al agua, y migración, cuyo diagnóstico de referencia es el siguiente:

1) Seguridad alimentaria. La seguridad alimentaria en la actualidad tiene una pérdida paulatina de la productividad debido a la degradación de la tierra estimada entre 3 y 5%, lo que representa alrededor de 490 billones de dólares por año.

2) Seguridad al agua. La seguridad al agua como una necesidad básica presenta alto riesgo en el corto plazo, pues se estima que a 2025 más de 2.4 millones de personas alrededor del mundo podrían vivir en áreas sujetas a periodos intensos de escases de este preciado recurso.

3) Migración. La migración vinculada a muchos factores, se estima que en los siguientes diez años 50 millones de personas podrían estar en riesgo de desplazamiento. Lo cual podría ser mayor si continúa la degradación de la tierra en las tasas actuales, por lo que el manejo sustentable de la tierra podría ofrecer una opción concreta más allá de “lucha o volar”.

 

El reto de México

El reto de nuestro país en la meta planteada de neutralidad de la degradación de las tierras, implica revertir la tendencia de la degradación de la tierra mediante acciones concertadas entre el gobierno y los diversos sectores de la sociedad (FCCT, 2012), primordialmente con los afectados y grupos interesados en formar parte de acciones de mitigación y adaptación (UNCCD-IWG, 2015). La estimación de costos de la degradación de la tierra, no sería tanto problema, ya que a decir de Almagro (2004) en México existe una larga tradición en elaboración de cuentas nacionales, iniciadas desde 1980 por el Banco de México, y a partir de 1983 forma parte de las actividades del INEGI.

Es así que, como parte de los productos del Sistema de Cuentas Nacionales de México, el INEGI presenta las “Cuentas económicas y ecológicas de México” en valores corrientes, con lo cual es posible identificar el impacto ambiental de las actividades económicas, en cuanto al agotamiento de los recursos naturales y la degradación del medio ambiente (INEGI, 2013).

Durante 2013, el costo económico por los daños ambientales ocasionados por las actividades económicas fue de 5.7% del PIB a precios de mercado. Este rubro es equivalente a dos tipos de costos: 1) por el agotamiento de los recursos naturales que incluye hidrocarburos, recursos forestales y agua subterránea; y 2) por la degradación ambiental, que incluye degradación del suelo, residuos sólidos, contaminación del agua y contaminación atmosférica. Ambos cerraron con un monto de 909,968 millones de pesos (INEGI, 2013). Sin embargo, el gasto en protección ambiental como proporción del PIB, apenas es de 1.0% (INEGI. 2014. PIB y cuentas nacionales).

La degradación edáfica en México representa 63% del país, pero la tasa de deforestación de la vegetación forestal de las tierras en nuestro país es de 155,000 hectáreas por año. Sin embrago, la tasa de degradación de las tierras (recursos agua, suelo y vegetación) en México no está bien establecida. El COLPOS establece en un estudio que la tasa a la que avanza la desertificación en México es de 400 mil hectáreas anualmente. Esto implica que para neutralizar la tasa de degradación de las tierras deberíamos trabajar en la recuperación de una cantidad igual de hectáreas cada año. Es un reto enorme y el PRONAFOR contribuye con la restauración forestal en 155 mil hectáreas anuales.

En el marco de las políticas públicas integrales, el resto de los sectores debería aportar una cantidad de 245 mil hectáreas anuales con programas de restauración como Plantaciones forestales comerciales, COUSSA, PET suelos no forestales, PROGAN, PRODEZA, PRONARA, programas especiales, entre otros, e incluso promover la neutralidad paulatina de la degradación de las tierras a 2020.

Sin embargo, México ya inició este reto y firmó durante la COP19 de Cambio Climático en Perú, su incorporación a la Iniciativa 20*20, del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), que implica restaurar 20 millones de hectáreas de tierras degradadas en los países de América Latina a 2020, en el marco del Reto de Bonn, con el compromiso de restaurar 150 millones de hectáreas para 2020 en todo el mundo.

La Iniciativa 20 x 20 es un esfuerzo dirigido por los países tratando de cambiar la dinámica de la degradación de la tierra en América Latina y el Caribe, al recuperar 20 millones de hectáreas de tierra degradadas en 2020, con $365 millones de dólares en nuevas inversiones privadas. Siete países de América Latina y el Caribe y dos programas regionales se han comprometido a iniciar la restauración de más de 20 millones de hectáreas de tierras degradadas a 2020. Se trata de un área más grande que Uruguay.

La iniciativa apoyará la reforestación natural y asistida, la conservación de los bosques, así como la deforestación evitada como elementos de un proceso de restauración integral. Consciente de los diversos grados de degradación de la tierra en la región, la iniciativa también apoyará los esfuerzos para recuperar la funcionalidad de la tierra (la conservación y recuperación de suelos; el almacenamiento de carbono; la retención de agua y estabilización hidrológica; la conservación y recuperación de la biodiversidad) a través de la agroforestería, sistemas silvopastoriles, y otros planes sostenibles de uso de la tierra.

La iniciativa es apoyada por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI), el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La participación de México en la Iniciativa 20*20 de GRULAC es destacada, con un aporte de 8.5 millones de hectáreas de las cuales CONAFOR comprometió un millón de hectáreas para 2018 y el resto por la SAGRAPA, en avance como acciones tempranas de un programa hacia la neutralidad de la degradación de las tierras del país.

 

Conclusiones

La comunidad internacional ha reconocido desde hace tiempo la degradación de la tierra como problema importante desde varios puntos de vista: económico, social y ambiental. La tendencia de degradación de la tierra deja ver complicaciones futuras para la humanidad. Por el momento se estima que la filosofía del desarrollo sustentable y la aspiración LDN es alcanzable siempre y cuando se toman medidas en el corto plazo, porque la acumulación de daños a los recursos naturales y el medioambiente podrían llegar a un nivel de entropía o nivel tal que sea imposible su recuperación.

México se encuentra en un nuevo paradigma, que no es ajeno a otros países en desarrollo, que buscan conciliar la política ambiental con las metas de crecimiento económico. Si bien la política ambiental busca minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmosfera derivados del calentamiento global del planeta, México tiene un instrumento novedoso que es la Estrategia Nacional para la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal (REDD+), en el que contribuye la CONAFOR con el reto de aterrizar en proyectos específicos la reducción del deterioro.

Dentro de este mismo reto, otro es lograr la inclusión en esta estrategia la contribución de la restauración productiva de las zonas áridas y semiáridas, que tienen grandes extensiones forestales de especies arbustivas asociadas con vegetación de pastizales y matorrales.

El reto multidimensional de la recuperación de la degradación de las tierras, debe ser enfrentado ahora desde una perspectiva multisectorial o asumir las consecuencias por la sobreexplotación evidente de los recursos de la tierra, de lo contrario LDN solo llegará a ser un reto y seguiremos comprometiendo la calidad de vida de las futuras generaciones, sin actuar lo necesario para contrarrestar los efectos adversos de la sobreexplotación y el mal uso de las tierras.

 

Literatura consultada

Al-Kaisi M., R. W. Elmore, J. G. Guzman, H. M. Hanna, Ch. E. Hart, M. J. Helmers, E. W. Hodgson, A. W. Lenssen, A. P. Mallarino, A. E. Robertson, and J. E. Sawyer. (2012). Drought impact on crop production and the soil environment: 2012 experiences from Iowa. Journal of Soil and Water Conservation. Vol., 68, 1: 19-24.

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Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición oficial de la Comisión Nacional Forestal o de alguno de sus integrantes.