Perspectiva forestal

Desde los años setenta, la FAO hizo evidente que el modelo de desarrollo forestal basado en las grandes industrias no era la mejor opción para las comunidades forestales. El crecimiento económico estaba reducido a algunas zonas y con mucha frecuencia respondía poco a las necesidades de la población local.

Con el apoyo de la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI), se examinaron las experiencias y las necesidades existentes en ese momento, como resultado en 1978 se realizó la publicación titulada: “Actividades forestales en el desarrollo de las comunidades locales”, cuyo propósito fue iniciar la construcción de un programa de acción que permitiera crear conciencia acerca de la importancia del desarrollo forestal comunitario y ayudara a los distintos países a iniciar o perfeccionar sus programas en este sector.

En 1978, el Banco Mundial editó Forestry Sector Policy Paper (documento sobre las políticas en el sector forestal), el cual señala un cambio importante en sus actividades forestales, en el que se presta menor atención a la silvicultura industrial, y se privilegia la protección ambiental y la satisfacción de las necesidades locales. El Octavo Congreso Forestal Mundial, celebrado en el mismo año, estuvo dedicado al tema: “El bosque al servicio de la comunidad”, y sirvió para fomentar el concepto de desarrollo forestal comunitario.

En México en el periodo de 1974 -1986, en la entonces Secretaria de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), se creó la Dirección de Desarrollo Forestal para ejecutar el programa de socio-producción, encaminado a promover la apropiación social de la producción forestal, bajo el cual se conformaron las primeras Empresas Sociales Forestales (ESF) que contaban con apoyo de programas de asistencia técnica, capacitación y extensión.

Posteriormente en 1992, con las reformas a la Constitución, a la Ley Agraria y a la Ley Forestal, se les reconoció a los ejidos y comunidades la propiedad de los bosques existentes en sus terrenos, y los convirtió en titulares legítimos de las autorizaciones para elaprovechamiento forestal; con ello, se dio gran impulso al desarrollo forestal comunitario y se facilitó la implementación de políticas públicas para el sector social.

Una característica fundamental de los bosques en México es que 60 % de ellos, están en manos de ejidos y comunidades indígenas, además de que 78 % de la superficie bajo manejo y 81 % de la producción total (4.95 de 6.1 millones de m3) proviene de autorizaciones otorgadas a 2,245 ejidos y comunidades, en 10.4 millones de hectáreas sujetas a manejo productivo, lo que evidencia la importancia que tiene para su gestión el desarrollo de capacidades entre las poblaciones locales.

El caso mexicano es de gran interés para el estudio del manejo autogestivo y descentralizado por los núcleos agrarios de sus recursos forestales, ya que dichos grupos sustentan la propiedad de, aproximadamente, 51 % de la superficie nacional. La Ley Forestal de 1986 legitimó a las comunidades para aprovechar y comercializar sus propios recursos forestales; sin embargo, desde 1982, estas habían comenzado a formar unidades o sociedades con el estatus legal de Empresas Forestales Comunitarias (EFC) para llevar a cabo la extracción de sus recursos forestales (Antinori, 2005).

En los últimos 15 años, se detecta un progreso relativo por parte de las comunidades forestales, ya que incluso las más desarrolladas y exitosas continúan siendo dependientes de recursos internos y de los subsidios gubernamentales; además el acceso al capital de inversión es mínimo, en especial para las organizaciones sociales menos avanzadas. Con bajos rendimientos económicos y una pobreza rural tan persistente y generalizada, varias empresas cierran o se mantienen latentes solo en el mediano plazo. Por lo que mejorar sus capacidades administrativas y de gestión financiera es un asunto impostergable.

El gobierno federal por conducto de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) ha establecido mecanismos de apoyo, a través de reglas de operación, para contribuir a fortalecer las EFC. Estos se enfocan a reactivar la producción, productividad y competitividad para que se traduzcan en ingreso y oportunidades para la población de los ejidos y comunidades, y, a su vez, contribuyan a recuperar la funcionalidad de las cuencas y paisajes, mediante la conservación, restauración y aprovechamiento sustentable del patrimonio natural.

Entre las acciones que se han realizado para consolidar estas acciones, se citan diagnósticos en los ejidos y comunidades forestales, mediante evaluaciones rurales participativas; la formulación y modificación de reglas internas para llevar a cabo la gestión del territorio y sus recursos; la realización de ejercicios integrales de planeación estratégica participativa, con base en el ordenamiento territorial comunitario; la formación de promotores forestales comunitarios, así como la constitución y fortalecimiento de las empresas forestales comunitarias. De manera significativa, se han realizado esfuerzos y destinado recursos para el impulso y establecimiento de acuerdos regionales para la constitución y operación de organizaciones sociales, que promuevan proyectos y permitan resolver problemas y, a la vez, articulen las acciones de cada núcleo agrario en proyectos de desarrollo de mediano y largo plazo.

Para alcanzar los objetivos múltiples del desarrollo forestal comunitario, es necesario que los actores involucrados construyan acuerdos dentro de sus comunidades y con los organismos públicos, con las organizaciones de la sociedad civil y con los prestadores de servicios técnicos; así como, con instituciones académicas, de investigación, con organismos empresariales y financieros para integrar cadenas de valor regionales. Dada la complejidad de la problemática que enfrentan, solo la acción coordinada de los diferentes actores rendirá los frutos esperados.

En el contexto del desarrollo forestal comunitario, destacan algunas lecciones aprendidas, entre ellas: (datos para infografía)

  1. Promover la participación de los ejidos y comunidades, de acuerdo a sus necesidades y posibilidades en la identificación de sus problemas y la formulación de proyectos para atenderlos;
  1. Reforzar las instituciones locales para que los ejidos y comunidades puedan, de manera organizada, impulsar proyectos de desarrollo, mediante la articulación de los esfuerzos de la organización con los de sus integrantes;

Reunión de trabajo, ejido Santa Teresa, Nayarit

  1. Impulsar la constitución de empresas forestales comunitarias y su articulación en proyectos de desarrollo regional, con el fin de mejorar la competitividad de la producción forestal y la generación de empleos e ingresos para la población local.

Empresa Forestal del ejido El Empedrado, Mascota, Jalisco