Las Empresas Forestales Comunitarias en México

David B. Bray, Department of Earth and Environment, Florida International University

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Las Empresas Forestales Comunitarias (EFC) parecen ser algo común en México. Esto se debe a que se les encuentra en casi todas las regiones forestales del país y muchas han operado desde hace varias décadas. Sin embargo, la mayoría de la gente desconoce que las EFC son prácticamente inexistentes en el resto del mundo. Las EFC son un modelo netamente mexicano y se caracterizan por dos factores principales: 1) su carácter comunitario. No existe propiedad social a manera de comunidad o ejido en otros países del mundo; por tanto no hay casos de comunidades que operen empresas forestales acotadas a un territorio específico, y 2) su capacidad de integración vertical. Numerosas comunidades o ejidos han mostrado capacidad de integrarse a niveles más sofisticados dentro de lo que es la industria forestal, desde lograr operar aserraderos hasta fábricas de muebles. Parece fácil la idea de que existan EFC, pero quienes trabajan en el sector conocen de la gran complejidad que implica constituirlas.

Comúnmente hay frustración porque las EFC no son eficientes, suelen ser fácilmente afectadas por los conflictos al interior de las comunidades o ejidos, porque tienen problemas de contabilidad, de producción y de administración, entre otros. Sin embargo, allí están. Aunque no siempre se tiene una buena comprensión de cómo, a pesar de los vaivenes que enfrentan, se mantienen.

Por otra parte, también es asombroso imaginar los contextos que anteceden a la mayoría de las EFC, cuyas comunidades décadas atrás estaban integradas principalmente por agricultores de subsistencia, que solo iban al bosque a leñar, recolectar plantas medicinales, carne de monte o materiales de autoconstrucción. Años después, esas mismas comunidades campesinas, con bajo nivel de educación formal, han logrado una transición histórica para cambiar su relación con el bosque y su visión colectiva hacia la administración de EFC, y estrategias para lograr escalar en su integración vertical, y posicionarse en la industria de la madera.

En las empresas privadas existe una clara cadena de mando, donde un individuo (el jefe) toma decisiones para el resto de la gente (los empleados). En contraste, en las EFC la toma de decisiones se complica porque toda la comunidad o ejido opina sobre procesos de manejo, industriales o administrativos, aun cuando no todos dominan el proceso productivo.

Sin embargo, no todo es anarquía, las EFC tienen que generar consensos para operar o aceptar que algunos o alguien (como el gerente) tome decisiones que los empleados tienen que acatar. Por ello, las EFC están expuestas a una inevitable tensión entre la democracia de la asamblea comunitaria y la necesidad de operar conforme, por lo menos en parte, a la lógica empresarial.

Otra diferencia básica entre las EFC y las empresas privadas, es que las últimas tienen como meta la ganancia; mientras que las EFC consideran al empleo y beneficios a la comunidad como indicadores de éxito, los cuales no suelen tener relevancia en las empresas privadas. Así, aun con sus problemas de eficiencia, las EFC tienen capacidad para resolver problemas, innovar esquemas organizacionales y establecer reglas para conciliar entre metas económicas empresariales y metas comunitarias.

Si bien, el termino silvicultura comunitaria no es exclusivo a México, existen casos como el de la Amazonia brasileña donde una EFC corresponden a un grupo de alrededor de diez pequeños propietarios forestales, quienes han acordado manejar predios con un mismo plan de manejo, pero son pequeños y pocos en comparación con las EFC en México. La peculiaridad de las EFC, respecto de otros modelos colectivos de producción, como por ejemplo las cooperativas de café, es que en éstas últimas, la producción proviene de parcelas individuales y la acción colectiva ocurre en torno a la comercialización, no a la producción.

Las EFC mexicanas presentan diferentes grados de integración vertical industrial, que va desde contar con equipos de extracción hasta aserraderos y fábricas de muebles. Conforme su nivel de integración vertical, la CONAFOR estableció la siguiente tipología para las comunidades o ejidos: Tipo I aquellas con bosques comerciales pero que no aprovechan, Tipo II aquellas que venden madera desde el tocón, Tipo III aquellas que cuentan con equipo y hacen la extracción de madera y Tipo IV aquellas que tienen aserraderos y venden madera aserradas, o con valor agregado, como el que le dan en sus fábricas de muebles. De las 2,118 EFC que operaron entre 1993 y 2010 en los 12 estados forestales más importantes, 1,599 (75%) fueron de Tipo II, 217 de Tipo III (10%) y 302 (14%) de Tipo IV (datos no publicados; INIFAP/CIDE).

Con base en lo anterior, se puede decir que la gran mayoría de las EFC en México son de Tipo II, aunque peyorativamente se les designa como comunidades “rentistas”, aunque esto no debería ser un demérito, sino que para muchos están en su óptimo. Es decir, que como los costos de transacción de integrarse verticalmente pueden ser altos, el mantenerse como comunidades Tipo II es lo que más les conviene, sobre todo si el tamaño y la calidad productiva de los bosques no son altos. En ese caso, es probable que una EFC de Tipo II que pretenda escalar a niveles altos de integración no podría sostenerse.

Anteriormente se creyó que estas comunidades no podían tener ningún control sobre sus bosques, y que los contratistas (comúnmente externos a la comunidad) eran quienes disponían todo, Antinori y Rausser (2010) encontraron que en Durango y Michoacán, la mayoría de las comunidades en su muestra de Tipo II pagaban sueldo a jefes de monte, evidenciando un grado importante de control. Actualmente, se estima que solo un 25% de las EFC han logrado mayores niveles de integración vertical (Tipo III y Tipo IV), dichos casos, aunque no absolutamente, corresponden con comunidades/ejidos con bosques más extensos.

Torres Rojo y Amador (2015) analizaron una muestra de 1,362 EFC para evidenciar si los programas de la CONAFOR habían sido clave para que EFC pudieran integrarse verticalmente. Se encontró que de 359 comunidades Tipo II apoyada, 56 (15.6%) pasaron a ser de Tipo III, y de 182 EFC de Tipo III apoyadas, 31 (17%) avanzó a Tipo IV. La tendencia ascendente ocurrió básicamente en las comunidades que tenían mayor superficie de bosques. Sin embargo, también se encontraron casos en que las comunidades o ejidos bajaron su nivel de integración vertical, un 9% de comunidades de Tipo II dejaron de aprovechar, 15% de Tipo III bajo a ser de Tipo II y 10% de Tipo IV bajaron al Tipo III. En el mismo sentido, Antinori y Rausser (2010), encontraron en Durango que 13 de 17 de las EFC de Tipo II, dejaron de aprovechar la madera. Es resumen, la evidencia muestra que las EFC son dinámicas en cuanto a su tipología, con flujos hacia arriba comúnmente impulsados por programas de CONAFOR. Aunque las razones del flujo hacia abajo no fueron claras, es probable que los costos de transacción les impiden mantenerse o ascender de nivel.

En conclusión, no parece fácil ser una EFC, mantenerse o ascender de nivel de integración vertical. Aunque los retos de las EFC mexicanas podrían ser inherentes a la naturaleza de ser comunitarias, que les limita tener la eficiencia de mando único que tiene una empresa privada, cabe destacar que cuando una EFC funciona más o menos bien, genera un flujo de beneficios sociales a la comunidad, que una empresa privada manejando su bosque nunca va a lograr o querer maximizar.

Los estudios que demuestran el flujo dinámico en la tipología, sugieren que ante el riesgo de las EFC a bajar, el gobierno debería ayudar a dirigir apoyos puntuales para ayudarles a que mínimamente mantengan su tipología. Finalmente, cabe resaltar que una mejor comprensión de las EFC y sus contextos debería ser de sumo interés para las dependencias que establecen la política pública para el sector forestal en México.

Referencias

Antinori, C y Rausser, G. 2010. The Mexican Common Property Forest Sector. CUDARE Working Paper No. 1105. Department of Agriculture and Resource Economics, University of California, Berkeley. https://cloudfront.escholarship.org/dist/prd/content/qt8qh479p8/qt8qh479p8.pdf

Torres Rojo, J.M. and J. Amador Callejas. 2015. La Importancia de los Apoyos Destinados a Promover el Desarrollo Forestal Comunitario en el Desempeño de las empresas forestales comunitarios y las comunidades forestales. En Desarrollo Forestal Comunitario. Editado por J.M. Torres Rojo. Centro de Investigación y Docencia Económica: México, D.F.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición oficial de la Comisión Nacional Forestal o de alguno de sus integrantes.