Para entender la desertificación

Dr_Benjamin_Figueroa

Benjamín Figueroa Sandoval, Colegio de Postgraduados, Campus San Luis Potosí Profesor Investigador Titular.

Nuestro país enfrenta cambios en la superficie terrestre, originados por las actividades humanas. Las causas de la degradación de las tierras están relacionadas principalmente con los cambios en el uso de las mismas por las personas, lo que desencadena procesos como la erosión, el deterioro de las propiedades físicas, químicas y biológicas y la pérdida a largo plazo de la vegetación nativa. Cuando esta degradación ocurre en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas (tierras secas) se denomina “desertificación”.

La desertificación es un fenómeno complejo caracterizado por un gran número de factores involucrados (climáticos y humanos) relacionados entre sí de manera incierta y complicada.

La desertificación, como muchos otros fenómenos complejos, presenta bucles de retroalimentación positivos que incrementan el grado de desertificación al transcurrir el tiempo. Los mecanismos de la desertificación mencionados en la literatura están relacionados con manejos inadecuados de las tierras que originan el sobrepastoreo y con prácticas agrícolas no sostenibles que promueven la erosión y la salinización del suelo. Las políticas públicas basadas en soluciones simples y lineales a este fenómeno complejo han llevado a decisiones que aumentan el proceso de la desertificación.

El estudio Línea Base Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación (CONAFOR-UACh, 2013) concluye que 105.7 millones de hectáreas, el 54% del territorio nacional presentan degradación de la cubierta vegetal con grados que van de ligeros a extremos; 111.4 millones de hectáreas, el 63% del territorio nacional, presentan degradación de suelo de ligera a extrema; la degradación de los recursos hídricos ocurre de manera ligera a extrema en el 64.77% (126.9 millones de hectáreas) de la superficie del país. Utilizando el indicador integrado de degradación de tierras se concluye que el 90.7% de la superficie nacional presenta algún tipo de degradación de tierras (177.6 millones de hectáreas) por causas naturales y humanas. Se determinó que la desertificación está presente en 115.9 millones de hectáreas o el 59.2% de la superficie del país.

Además el estudio Línea Base Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación analiza cinco indicadores del medio socioeconómico (población total, ruralidad, pobreza, migración y desarrollo humano) y reporta que 65.4 millones de personas habitan las tierras secas del país; esta población vive predominantemente en zonas urbanas (48.8% del total de la población) y 9.82% en zonas rurales. El 58.2% de la población nacional (27 millones de personas) en situación de pobreza habita en las tierras secas y presentan una intensidad migratoria en todas las clases de degradación reportadas (desde nula hasta muy alta). El índice de desarrollo humano (IDH) señala que la mayoría de los habitantes de las tierras secas se ubican en el nivel alto y medio (64.4 millones) con cerca de un millón de personas en el nivel medio bajo.

Para valorar si en México el desarrollo económico está siendo afectado por la degradación, es conveniente corroborar si existen relaciones entre el desarrollo económico, la aridez y la degradación, en especial si tomamos en cuenta que los indicadores socioeconómicos reportados por CONAFOR-UACh (2013) no muestran una correlación clara entre aridez, degradación y desarrollo económico.

Las evidencias del deterioro en que se encuentran los ecosistemas de México reportadas por la CONAFOR-UACh (2013) se analizaron a la luz de los resultados de la correlación entre aridez, degradación y desarrollo a nivel de municipios. Los resultados del análisis nos permiten afirmar: Primero, es claro que no hay una relación entre aridez y degradación a nivel nacional; segundo, la existencia de una correlación negativa entre aridez y marginación nos confirma la naturaleza compleja del fenómeno ya que la marginación más alta está presentándose en las zonas húmedas y no en las tierras secas; tercero, que exista una correlación positiva entre degradación y bajo PIB per cápita apunta al deterioro propiciado por formas no sostenibles de generación de riqueza que se asocian a un modelo de desarrollo económico centrado en meso y mega polos poblacionales que propician el deterioro de los servicios ecosistémicos de las tierras aledañas a ellos. Finalmente la alta correlación positiva entre degradación y la forma de tenencia ejidal, que contrasta con la correlación negativa entre degradación y la tenencia comunal, nos ilustra el error de adoptar modelos culturales de tenencia de tierras sin considerar la idiosincrasia de los pobladores, lo que producen como resultado final sistemas sociales fallidos que propician una “tragedia de los comunes” asociada a la degradación de tierras.

La solución de problemas complejos demanda de un enfoque sistémico como el propuesto por la Unión Europea en su programa LEADER que considere los aspectos socioeconómicos (sistemas humanos) y facilite la aplicación de medidas técnicas (sistemas biofísicos) al garantizar un contexto de aplicación de soluciones favorable al desarrollo sostenible de los habitantes de las tierras secas.

Mecanismos de retroalimentación asociados a la
desertificación y el enfoque para evitarla

mecanismos

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Bucles de retroalimentación positiva involucrados en la desertificación

bucles

Referencias

CONAFOR-UACh. 2013. Línea base Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación. Informe final. Comisión Nacional Forestal y Universidad Autónoma Chapingo. Zapopan, Jalisco. 160 p.

Millennium Ecosystem Assessment, 2005. Ecosystems and Human Well-being: Desertification Synthesis. World Resources Institute, Washington, DC. 26 p.

Este artículo es un extracto de Degradación de Tierras y Desarrollo
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